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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Un viaje, una pregunta y un favor

Un viaje, una pregunta y un favor

Lo que sigue es un pequeño fragmento de la entrevista que el "Suplemento No" de Página/12 realizó con dos de los integrantes de Las manos de Filippi. Allí “Pecho” cuenta algunas peripecias del viaje que la banda hizo a Honduras para solidarizarse con el pueblo de ese país participando del festival “Voces contra el Golpe”, una protesta artística contra el golpe de estado que desalojó al presidente Zelaya.

“Tuvimos que entrar a Honduras por la ventana. Bajamos con el avión en un aeropuerto chico en el norte, en medio de la nada, y viajamos por el medio de la selva con un loco que manejaba mal, porque en el aeropuerto estaban todos los milicos. Llovía y pensamos que nos íbamos a matar en la ruta, pero empezamos a ver a la gente en la calle, a los pibes luchando con los grandes, la gente junta, todo eso que acá no se mostró en la tele. Fue emocionante.”

Me preguntaba si algunas de las personas que lean estas líneas podía hacerme un favor: enviarme testimonios similares del viaje de Florencia Peña, La Mancha de Rolando, El Otro Yo, Fito Páez, el Indio Solari, o de cualquiera de los artistas kirchernistas llevando su apoyo al pueblo hondureño. También de los "jóvenes" de La Cámpora que militan por la unidad latinoamericana y seguramente estuvieron allí. Gracias.

Maximiliano Duquelsky


lunes, 8 de noviembre de 2010

¿Qué pasó con la nobleza, Pablo? ¿Se la dejaste a Ernestina?

¿Qué pasó con la nobleza, Pablo? ¿Se la dejaste a Ernestina?

Ningún sector está dándole un uso político tan grande a la muerte de Kirchner como el propio kirchnerismo. La verdad, o la realidad, que son lo mismo según las sabias palabras del General, ya no importan. Los escribas que hoy trabajan para el poder estatal han abandonado el principio que algunos de ellos sostuvieron hasta hace poco de acercarnos a la verdad -o a la realidad,que son lo mismo. Hoy el poder político, ante la asuencia de su jefe, necesita de un mito. Y allí están ellos, los profesionales de la palabra para brindar sus servicios. El Flaco, dice Pablo Llonto. Néstor, dicen otros. Una manera de generar cercanía. Pero no de ellos con Kirchner. Sino de Kirchner con ellos. Era uno de nosotros. Néstor, el Flaco. El primer paso de la operación mítica deja a Kirchner sin apellido.

Pero también sin historia. Te recuerdo, Pablo, que el Flaco era el mismo que en 2004 mandó a 600 guardias de infantería a desalojar con gases, palos y camiones hidrantes la planta donde se imprimía Clarín, ocupada por los trabajadores gráficos en protesta por el despido de toda la comisión interna y de otros trabajadores del “monopolio”. La misma arbitrariedad que vos sufriste allá por 1999, cuando eras delegado gremial. ¿Qué pasó Pablo, te olvidaste de ese “detalle” del gobierno del Flaco, te olvidaste de tus ex compañeros? Kirchner nunca garantizó que los principios constitucionales de asociación gremial pudieran cumplirse en Clarín. Ni siquiera luego de haber roto el pacto con “el monopolio”; el mismo “monopolio” al que le extendió sus licencias de radio y televisión por diez años más, allá por 2005. Cómo puteaste en ese momento, Pablo. Pero no sacaste las conclusiones del caso.

Te veo seguido, Pablo, en 6,7,8 y Duro de Domar. Si se va seguido a los programas donde circulan funcionarios de reconocida e intachable trayectoria ética y popular, como Aníbal Fernández o Julio de Vido, es obvio que ya no te vea en piquetes, huelgas y protestas de los trabajadores. El Flaco se horrorizó por el crimen de Mariano Ferreyra, decís. Creo que fue así, que se horrorizó. Tanto que estos programas a los que habitualmente concurrís fueron los únicos de la televisión argentina donde no fueron invitados ni obreros ni compañeros de militancia de Mariano. Invitaron a funcionarios. El objetivo: colaborar en la operación de inteligencia –perdón por la exageración- que tenía por objetivo aprovechar la muerte de nuestro compañero para dirimir la interna del PJ contra Duhalde y despegars al Flaco de sus vínculos con Pedraza, separando a Moyano de la Unión Ferroviaria. La famosa democratización de la comunicación. La misma que dijiste, hace unos años en la Facultad de Ciencias Sociales, no iba a ser llevada adelante por el Flaco. Ahora resulta que arremetió contra Clarín y Papel Prensa. ¿Los compañeros de Mariano tendremos nuestra cuota de papel y nuestra licencia de radio o tv? ¿O serán para los viejos nuevos Gvirzt y Spolsky? ¿Y las telefónicas, Pablo? ¿Acaso el gobierno del Flaco no acaba de profundizar el monopolio de Telefónica/Telecom aprobando la nueva composición accionaria y desestimando la denuncia por práctica monopólica?

Ay Pablo, de un día para el otro Pedraza se convirtió en impostor y Moyano en un ejemplo de dirigente gremial ¿Es necesario recordarte lo que hacía Moyano en los setenta en Mar del Plata y alrededores? ¿O el papel jugado en estos años, por ejemplo, en ponerle tope a las paritarias? El Flaco devolvió las paritarias, dicen. Mentira, la arrancaron los trabajadores. Por eso el Flaco recurrió a los servicios de Moyano y Yasky para ponerle techo. De un día para el otro, también, apareció el Pedraza dueño de las tercerizadas que emplean trabajadores en el ferrocarril por la mitad del sueldo que deberían cobrar. ¿No se te ocurrió preguntarle a Tomada, abogado de la Unión Ferroviaria por más de 20 años y hoy ministro de Trabajo del Flaco? ¿Por qué no se hizo nada antes? ¿Por qué hubo 93 instancias de mediación entre la empresa y los tercerizados en el Ministerio de Trabajo y no se solucionó el problema? El gobierno del Flaco podía haber evitado que mataran a mi compañero de 23 años. Pero para eso había que tocar los negocios de Pedraza.

Decís con toda razón que la burocracia sindical mató a nuestro compañero pero nada decís que esa burocracia apoyaba al Flaco, y que el Flaco se recostaba en ella. A propósito, ¿quién inauguró la Casa del Trabajador Ferroviario en 2009 e hizo una reivindicación pública de Pedraza? ¡¡¡En 2009, Pablo!!! La presidenta y esposa del Flaco. La misma que celebró el regreso de la Juventud Sindical ¿Hace falta que te recuerde qué papel jugó esa juventud en los setenta? Continuemos, mejor. Omitís mencionar el papel jugado por la policía de Scioli, reprimiendo a los tercerizados del Roca y no a la patota de Pedraza. Pero mencionar eso te llevaría a denunciar que la Policía Federal liberó la zona en Capital para que los esbirros de Pedraza acribillaran a nuestros compañeros. La policía del gobierno del Flaco, Pablo. No es la primera vez que pasa. Por mencionar un solo caso: preguntale a los trabajadores del Casino detenidos por la Gendarmería y la Policía Federal y sometidos a diversos vejámenes en las comisarías. No lo digo yo, militante del Partido Obrero. Lo denunció, entre otros, una de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Pero ahora escribís para el poder que defiende a Cristóbal López, dueño del Casino, cuando antes combatías ese mismo poder.

¿Contradicciones de un gobierno? Puede ser. De ser así, ¿por qué ocultarlas? ¿Por qué no ponerlas sobre la mesa y que cada uno haga su balance? ¿A qué le temés, Pablo? ¿A qué cada uno encuentre una lógica entre el llamado del Flaco, allá por 2003, a construir “brigadas antipiqueteras”, y cada una de las zonas liberadas por las policías, Gendarmería y Prefectura para que las patotas sindicales actúen con total impunidad? Le hicieron caso al Flaco, no hay dudas.

El mito debe ser tan grande que es necesario ocultar las propias palabras del sujeto a mitificar. No era por el “fifty fifty” que el Flaco intentó aplicar la 125; él mismo, que era mucho más sincero que vos, dijo claramente que debía pagar deuda. ¿Te acordás, Pablo, cuando marchabas por el no pago de la deuda externa? ¿Qué pasó? ¿De golpe la deuda fraudulenta se convirtió en objeto de honra? ¿O ahora tenés que “honrar” otra cosa, Pablo? Un dirigente rural reivindicó la política agropecuaria del Flaco delante de su mismo cajón y de cara a la presidenta. Dijo que se terminaron los remates y que nunca la rentabilidad había sido tan alta para el agro. Se olvidó de agradecerle al Flaco por mantener o no hacer nada contra las altísimas tasas de empleo en negro y trabajo infantil en el campo, dos características indispensables para aumentar la rentabilidad.

Destacás el matrimonio igualitario pero no decís nada de la negativa del gobierno del Flaco a legalizar el aborto, ni de las subvenciones del Estado a la Iglesia. ¿Que me quedo con lo malo y no reconozco lo bueno? Es una manera de verlo. La otra puede ser que me importan más las miles de mujeres que se mueren por año por abortos clandestinos y el deterioro de la educación pública a cambio de subvencionar a la privada. Ahí sí hay un interés estructural que afectar. ¿Por qué no hacer las tres cosas? ¿No están dadas las condiciones? ¿Entonces el Flaco sólo hacía lo que se podía hacer? ¿Si hacía lo que se podía hacer, cómo es entonces que enfrentó a los poderes establecidos? Se enfrenta al poder para hacer lo que no te dejan, Pablo. Principio básico de los que luchan contra las injusticias.

No hacía falta tanto, Pablo. Te pregunto: ¿era necesario mencionar a los mineros de Río Turbio? Sí, era necesario. Porque si hubieses mencionado, por ejemplo, a los docentes santacruceños en lugar de a los mineros iba a ser muy difícil que no saliera a la luz la orden librada a la Gendarmería, la Policía provincial y a la Prefectura de militarizar las escuelas de la patria pingüina para impedirles el paso a los docentes y directivos que estaban en huelga. Ni hablar de las represiones a los petroleros y desocupados de la provincia del Flaco; donde no se hacía nada sin su venia. Mencionás los noventa, ¿qué hizo el Flaco en los noventa? No te pregunto por lo que hizo durante la dictadura mientras se chupaban, torturaban y hacían desaparecer a sus compañeros de la “juventud maravillosa” porque me da vergüenza ajena. El del Flaco debe ser el único caso en que puede resumirse su actividad durante esa época a una circular: la 1050.

Por último, tenés todo el derecho a construir el mito del Flaco como el último gran estadista. Eso sí, no escatimás recursos para eso. Te decís leninista y trotskista para mofarte de quienes abrazan esas ideas. Casualmente las que abrazaba Mariano Ferreyra. Nosotros somos más respetuosos. No nos mofamos de los kirchneristas ante la pérdida de su líder político. Discutimos con ellos. No los puteamos, como vos decís que puteabas al Flaco. Debatimos, fuertemente, con nuestras convicciones, que no cuelgan de ningún poster –qué bajo caíste con este comentario despectivo, Pablo-. Esas mismas convicciones que parece que has perdido junto con el respeto por los muertos asesinados por los aliados del Flaco ¿Cambiaste de opinión? Puede ser ¡Pero qué casualidad! Cambiaste por las ideas que hoy son parte del poder. Tan perdido estás que luego de definirte leninista y trotskista terminás diciendo que sos anarquista. Un anarquista más papista que el Papa, vaya contradicción. Entre paréntesis: ¿Qué querés demostrar, Pablo? ¿Qué podés ser otro Vertbisky? Un detalle, los anarquistas no hubiesen votado nunca al Flaco. No por el Flaco, sino porque los anarquistas no votaban, deliberadamente. Si estás confundido, no confundas.

Mis saludos a quienes han sentido que perdieron a un líder político. Seguiremos discutiendo. Para vos, Pablo, un consejo y una pregunta. En vez de pedirle perdón al Flaco, deberías pedirle perdón a la gente que leyó tu columna por haber menospreciado su capacidad intelectual. Y la pregunta, jugando con el título de ese valiente libro que escribiste: ¿Qué pasó con la nobleza, Pablo? ¿Se la dejaste a Ernestina?
Maximiliano Duquelsky

martes, 11 de agosto de 2009

Un sol para los chicos

Un sol para los chicos

Así se llama el programa que cada año, para el Día del Niño, el grupo Clarín pone en pantalla con el objetivo de recaudar dinero destinado a colaborar con los proyectos de asistencia de UNICEF.

Durante la emisión, se difundieron varias historias de vida de chicos y jóvenes que relfejaban las bondades de estos programas. Una de ellas describía la historia de una niña indígena de la selva chaqueña que concurre a una escuela intercultural. La cámara enfoca a la joven relatando las bondades de una escuela donde también se habla su lengua materna. De fondo una casa, la suya, en condiciones de indigencia absoluta. Intercalados, distintos tipos de planos para mostrar la escuela a donde ella concurre. Paredes sin rebocar, piso de tierra, niñas y niños sin calzado, todos en la misma, la única aula.

Y el testimonio de una de las coordinadoras del organismo relatando las bondades de la iniciativa tendiente a respetar la identidad cultural de los alumnos en la escuela como un medio para... reducir la pobreza.


En muchos casos las políticas culturales operan como compensación simbolica con el fin último de disimular la desigualdad social y legitimar a los sujetos sociales que las implementan, empresas y estados sobre todo. Después de ver esas imágenes, donde la pobreza y la indigencia de esos chicos y chicas no se mencionó una sola vez, ni en el relato, ni en el piso con los conductores entrevistando a la protagonista, ¿alguien puede dudarlo?

martes, 3 de julio de 2007

El peor analfabeto


El peor analfabeto

El peor analfabeto es el analfabeto político.
El no oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

El no sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertolt Brecht

lunes, 15 de enero de 2007

Volvemos en febrero




Volvemos en febrero

miércoles, 10 de enero de 2007

La guerra de los Horacios (II)

La guerra de los Horacios (II)


Una nota de opinión de HG en Clarín –más cifrada que nunca, sesudas especulaciones sobre la técnica y sus sentidos sociales- y la solicitada de más de un centenar de intelectuales en apoyo a la Biblioteca Nacional, esto es, en apoyo a HG: “no hay ninguna oposición… entre biblioteca y actividad cultural”. De un lado, entonces, el Club Socialista, los Modernos y Felipe Pigna. Del otro, el kirchnerismo (Horacio Verbitsky, Jaime Sorín, María Seoane, José Pablo Feinmann, Hugo Trinchero, Ana María Zubieta), miembros de las revistas Ojo mocho y Confines, y hasta el Colectivo Situaciones que resignó su autonomía en relación con el Estado para remitir su adhesión a una de las dos direcciones electrónicas oficiales.
A esta altura, el hecho –¿la crisis de la Biblioteca Nacional y de las políticas culturales del gobierno o la pelea entre Tarcus y González?- se ha transformado en el más controvertido del campo intelectual.
Ni la represión en Santa Cruz, ni la masacre israelí contra el Líbano, ni la desaparición de Jorge Julio López, ni la crisis de la UBA, movilizó a tantos historiadores, novelistas, músicos, poetas, periodistas, ensayistas, cineastas, críticos literarios, dibujantes. ¿Será por aquello de la especificidad de los intelectuales -¡hay libros en peligro!- o porque la disputa entre los Horacios pone en riesgo una red de relaciones –telarañas del campo- que si no se sostiene puede perderse dejándonos fuera del juego de las citas, las mesas redondas, las presentaciones de libros, publicaciones, cocktailes varios, acceso a los archivos? ¿Será, incluso más allá de la voluntad de algunos de los firmantes, un anticipo de la próxima contienda electoral entre lavagnistas y kirchneristas?

martes, 9 de enero de 2007

De La Patagonia Rebelde a El Calafate

De La Patagonia Rebelde a El Calafate


-¿Cómo ve usted la situación actual de la Argentina?
-Yo creo que estamos viviendo un período interesante en nuestra historia, hemos vivido tantas dictaduras y tantas democracias inestables. De pronto un presidente argentino demuestra un coraje civil al retomar el tema de los derechos humanos, por ejemplo; al meterse en la parte de la justicia; al intervenir en la Corte Suprema; al intervenir también en los negociados de este desgraciado sindicalismo que tenemos; la parte dedicada a los jubilados, donde se ha hecho un gran negociado, y otros aspectos que hacen interesante apoyar al señor Kirchner. Pero claro, siempre un poco a la distancia, ver qué es lo que busca, cuáles son sus fines. De cualquier manera ha empezado bien.
Osvaldo Bayer (entrevista completa)

Podríamos ahorrarnos el comentario, pero hubo una vez un autor que nos estimuló a pensar conspirativamente -qué otra cosa es el Estado si no el comité donde la burguesía pergeña sus políticas- y a convertir los perfiles intelectuales en prontuarios. Entonces ¿a qué viene lo de "interesante" (del período, de Kirchner) y el apoyo a un presidente que acumuló su fortuna inmobiliaria patagónica en tiempos de la dictadura, que gobernó Santa Cruz por una decena de años sobre la base de la represión del movimiento popular y los grandes negociados con las multinacionales petroleras, que envió al sur a la gendarmería para acabar con la huelga de los trabajadores, con razzias, detenciones nocturnas y torturas al peor estilo de la dictadura militar ?

viernes, 5 de enero de 2007

Método

Método

Uno de los últimos sábados del año que acaba de terminar, el conductor y periodista de envidiable voz -un ejemplo que demuestra que a veces la forma supera largamente al contenido-, sentenció sin sonrojarse: “en Comunicación (la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA) vivimos de paro y no pasa nada”. El columnista especializado en política internacional, en consonancia, afirmó la necesidad imperiosa “de revisar los métodos de protesta”. A todo esto, el intelectual marxista -ex trotskista y compañero de aventuras de Nahuel Moreno- quien estaba siendo entrevistado en el marco de la elección del nuevo Rector de la UBA, apoyaba todo lo que se venía diciendo respecto de los paros de los profesores de esa casa de estudios. Periodistas e intelectuales, pero también docentes universitarios, preocupados por la manera en que los trabajadores reclaman por sus derechos. Una pequeña lección de cómo es posible racionalizar la ausencia –de las asambleas, de los paros, de las discusiones con el gobierno de turno- preocupándonos por el método. Una manera elegante de disimular la claudicación.

jueves, 4 de enero de 2007

Noticia de hoy

Noticia de hoy


La crisis de la Biblioteca Nacional, planteada en los términos de la carta del renunciante, de la solidaridad de intelectuales y de las declaraciones del “dolido”, da para un título en broma: la guerra de los Horacios. Por González y Tarcus, claro. Pero también por Salas, el primero de la genealogía en abandonar el sillón. De ser supersticiosos hablaríamos de la maldición de Paul Groussac. Pero no.
Podríamos quedarnos mudos (hasta para no abusar con las entradas a HG). De última, la guerra se da entre intelectuales K: uno que arribó al cargo “porque se lo pidió el presidente” y el otro, desde un lugar, pacientemente construido, como pertinaz ex izquierdista que dirige el más importante centro de documentación de la izquierda en nuestro país (sic). Problema de ellos, como se dice en el barrio. Pero, convengamos, lo que está en discusión no es precisamente la biblioteca del barrio.
González fraguó una biblioteca imaginaria para reunir a sus amigos a charlar en un “entre nos” de capilla, publicó una revista para desplegar su interminable especulación monológica y hasta lanzó una serie de libros a partir de su raro canon.
Tarcus, por su parte, presentó una renuncia en clave de management empresarial: al pugnar por la modernización, la informatización y, sobre todo, al reclamar “saneamiento administrativo”, esto es, el despido del “75% del personal” que “no tiene capacidad profesional para trabajar en la biblioteca”.
Como si faltara poca confusión, miembros fundadores y actuales del Club de Cultura Socialista (Beatriz Sarlo, Adrián Gorelik, María Teresa Gramuglio, Carlos Altamirano), los Modernos de Historia (Luis Alberto Romero, Hilda Sábato) y hasta el mediático Felipe Pigna, se solidarizaron con Tarcus y señalaron que comparten su “certero diagnóstico sobre el sombrío estado de la Biblioteca Nacional” (¿también el llamado a despedir trabajadores?).
La crisis de la Biblioteca no escapa a la que se lleva puestos al sistema educativo y a las actividades culturales en su conjunto. Sin presupuesto (el 50% de los 20 millones que recibe, se destina a salarios). Sin lectores (350 por día). Con pasantes precarizados. Sin embargo, ninguno de los Horacios menciona tal cuestión en los partes de guerra que se cruzan en estos calurosos días.

miércoles, 3 de enero de 2007

Aparato represivo

Aparato represivo


-¿Es creíble que Gerez haya aparecido gracias al discurso de Kirchner por cadena nacional?
-No, de ninguna manera. Estos tipos no se asustan con discursos. Otra cosa hubiera sido si el Presidente anunciaba medidas concretas. El discurso fue perfecto, hizo un diagnóstico correcto de la realidad, el problema es que a ese diagnóstico no le sigue un tratamiento; los buenos médicos hacen un buen diagnóstico y luego toman medidas para que el enfermo se cure. Yo estaba esperando la segunda parte del discurso, que en algún momento dijera "por todo esto, he decidido tomar las siguientes medidas, dos puntos...". Por ejemplo, anular los indultos, impulsar juicio político a los jueces de la Dictadura, la exoneración de los integrantes de las fuerzas de seguridad que tuvieron que ver con la represión, mandar a cárceles comunes a los que están detenidos en instituciones militares, impulsar sumario administrativo a los fiscales de la dictadura... Si hubiera anunciado una serie de medidas y convocado a Plaza de Mayo a defender esas medidas íbamos todos, ahí sí se podría pensar que estos muchachos se asustaron. Si bien la reacción del gobierno fue muy distinta a la que tuvo con Julio (López) -lo que además demuestra todo lo que no se hizo por Julio, con Aníbal Fernández diciendo que podía estar tomando el té en lo de una tía-, no se ha tomado ninguna medida concreta. El problema siguen siendo los hechos, no el discurso.
Adriana Calvo, Asociación Ex Detenidos Desaparecidos (ver entrevista completa).

Ascenso social

Ascenso social


“Esta es una sociedad enferma: acá nadie perdona al que le va mal, y al que le va bien tampoco. El problema fue que yo primero fui gaucho, después comunista y luego un capitalista con suerte.” César Isella dixit.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Sarlo y la Asamblea de Gualeguaychú

Sarlo y la Asamblea de Gualeguaychú


"El semanario uruguayo Brecha (1/12) consulta a varios ´analistas´ sobre la índole de la Asamblea de Gualeguaychú. Las apreciaciones dicen más del retroceso político e intelectual de los intelectuales del centroizquierda que de su ocasional objeto de estudio.
La académica Beatriz Sarlo, ex asesora de la Alianza, opina que en la Asamblea conviven características contradictorias: una ´intensa democracia interna´ y la ´intransigencia´. La intransigencia, según Sarlo, se demuestra porque ´frente a la defección se depura de los elementos vacilantes´. Un ejemplo sería el ingeniero Rubio, que fuera declarado ´traidor y persona no grata´ luego de que ´se dejó convencer por Botnia sobre el carácter no contaminante de las plantas´. Menuda vacilación.
Los entrerrianos serían intransigentes, además, porque defienden un programa innegociable:
´No a las papeleras´. La Asamblea, dice Sarlo, ´no tiene perspectivas porque no puede, ni quiere, ni está en condiciones de aceptar que la radicación de las pasteras es una cuestión que, en caso de que se resuelva más o menos favorablemente para la Argentina, siempre requerirá de una negociación´. Puede ser, ¿pero con quién? ¿Con Botnia y el Banco Mundial? ¿Con su testaferro Tabaré? ¿O con los trabajadores de Uruguay y de Argentina?
¿Por qué no se convoca a un referendo en ambos países, con amplia participación de todos los partidos rioplatenses, para que uruguayos y argentinos decidamos, luego de discutir y, si es necesario, negociar entre los pueblos?
La miopía política de esta especialista en crítica cultural le ha impedido ver que las únicas negociaciones que están en curso, como la de España, han sido el resultado de la ‘intransigencia’ de la de Gualeguaychú; desde Bielsa a Taiana, la marcha de Botnia fue imparable, sin negociaciones que valgan, incluso cuando se encuentra en litigio el convenio sobre el uso compartido del río Uruguay."
Olga Cristóbal, "La condición miserable de la ‘inteligentzia’ argentino-uruguaya". Ver nota completa en Prensa Obrera, n°975, 7/12/2006.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Ser de derecha

Ser de derecha


El viernes pasado, en la sección Universidad del diario Página/12, Horacio González, sociólogo y actual director de la Biblioteca Nacional publicó una columna de opinión -que se suma a una serie- en torno a la crisis de la UBA.
Ser de izquierda es el título. Y vuelve, como no podía ser de otro modo, previsiblemente -porque sus barroquismos, sus períodos fraseológicos más o menos novedosos, siempren aran la misma huella- a intentar algo así como elucidar lo que significa la izquierda hoy, en Argentina, y particularmente en la lucha universitaria que lleva adelante el movimiento estudiantil encabezado por la FUBA.
González se equivoca al señalar que la izquierda estudiantil "parece de derecha" porque "busca sus motivos menos en las grandes concepciones del mundo, que en los sistemas de ciudadanía internos y en los regímenes estatutarios de las universidades". Basta una simple lectura a los cuatro proyectos recientemente presentados ante el Consejo Superior para desmentir el punto. La FUBA propuso resoluciones para reclamar el aumento presupuestario, el nombramiento con salario de los docentes ad honorem, partidas presupuestarias para resolver la formidable -por su profundidad- crisis edilicia y claustro único docente.
Se podrá decir que tales proyectos nada indican sobre cuestiones "mayores" -el sentido último del pensamiento universitario y sus requiebros-, pero debe concederse que con los brazos atenazados al cuello -eso es la asfixia presupuestaria- resulta como mínimo difícil elucubrar otras cuestiones.
Los cuatro proyectos constituyen un piso. Vale aclarar que tal piso no fue aceptado por los consejistas superiores. Vale aclarar también que tal piso excede el reclamo "institucionalista" y de mayores representaciones que le adjudica -como único programa- el director de la Biblioteca.
Por eso González ya no se equivoca sino que altera tortuosamente la cuestión al señalar: "Es cierto, todos queremos reformularlos, ampliarlos, declarar el fin de los estamentos cerrados profesorales, ir hacia la remuneración universal del trabajo docente, pero no a costa de la volatilización de los claustros, de la omisión el problema de los propios lenguajes enclaustrados –deficiencia común a izquierdas y derechas–, de la desconsideración respecto de los irreductibles estilos de conocimiento y de las singularidades vocacionales".
No "es cierto". En modo alguno. El "todos" de la cita es una entidad vacía. La mayoría de los decanos de la UBA "dicen" que están dispuestos a reformular el Estatuto... pero después de haber consagrado el nuevo Rector. Es decir, sobre la base del antiguo régimen. En 2002 ya habían asumido este compromiso... y nada.
Tampoco "es cierto" que "todos" quieran reformar el claustro de profesores para convertirlo en un "claustro único", esto es, un claustro que asegure la participación igualitaria de todos los docentes de la UBA. Esto, sencillamente, rompería con un esquema en el que poco más de 600 docentes se arrogan la representación de 30 mil. Levantar la consigna de un docente un voto puede resonar hasta liberal, pero eso no habla de la limitación de sus alcances sino de la naturaleza oligárquica del gobierno universitario.
Menos acuerdo existe en torno a la necesidad de lograr la "remuneración universal del trabajo docente". Queda claro que, si existiera tal consenso, lo podrían hacer efectivo con una resolución o llevando tal exigencia a las autoridades del Ministerio de Educación. No recordamos, dicho sea de paso, una declaración pública del profesor Horacio González en favor de estos reclamos.
Pero, incluso si concediéramos que "todos" acuerdan, resultan falsas las consecuencias que, según el director de la Biblioteca, derivarían de la intervención estudiantil: volatización de claustros, el problema de los lenguajes enclaustrados... Ningún estudiante, hasta donde sabemos, propuso pulverizar claustro alguno y menos enclaustrar lenguajes. Lo que sí está enclaustrado -y la responsabilidad es de los decanos y los asambleístas- es el debate sobre la universidad y la búsqueda de una salida que volatilice la actual orientación privatizadora.
González añora otras épocas porque ahora no encuentra "corrientes universitarias de pensamiento", "creencias culturales de contornos amplios". Halla en el pasado los mejores momentos de la inquietud intelectual. Está claro. Ese pasado -imaginario- lo interpela como lector (¿y qué mejor lugar para un bibliotecario y un intelectual ubicuo?). Pero, lástima, lo que reclama su atención está en el presente. Es ahora cuando González debería expresarse sobre el nudo del conflicto: ¿avala la candidatura de los decanos alterinistas progresistas?, ¿reclama salario para todos?, ¿dice algo de los edificios que se derrumban?, ¿denuncia el ajuste de la universidad a los lineamientos del Banco Mundial?
En lugar de manifestarse por cuestiones tan prosaicas -él que se devela y enreda en una prosa martinezestradista o davidviñista-, echa vuelo a su nostalgia por todo tiempo pasado cuando había pensamiento, creencias con contornos y otras cuestiones similares y tan profundas.
El artículo se cierra con una caracterización de la izquierda de la FUBA como escisionista. ¿Y qué otra cosa cabe si no la escisión cuando se constituye el megabloque de los doce decanos alterinistas progresistas, con camarillas que manejan la universidad como si fuera un negocio privado y un espacio para la especulación no intelectual sino financiera de las grandes empresas como Techint y Monsanto?
El director de la Biblioteca teme quedar preso "de un juego de espejos devastador", cuando, en realidad, queda prisionero de su propia retórica y de su alineamiento actual con el gobierno y con las minorías que dirigen la universidad pública.
Un último desvelo: González y otros sufren por un motivo adicional. La izquierda "real" es la que, con su intervención, los refleja como jamás soñaron verse. Del otro lado del escritorio. Sí, y a la derecha. Ese espejo, está claro, produce un efecto verdaderamente devastador.

viernes, 8 de diciembre de 2006

Desaparecido

Desaparecido

El presidente Néstor Kirchner lo llamaba "compañero" desde la tribuna y garantizaba todos sus esfuerzos. Pero negaba que se tratara de un desaparecido, como denunciaba el gobernador Felipe Solá, quien convocaba a las organizaciones sociales (¿a cuáles) a participar de la búsqueda. Y el rastrillaje. Con su ministro León Arslanian aseguraba que retirarían de la bonaerense a la mano de obra ocupada (luego nos enteraríamos que apenas habían sido jubilados veintitrés represores). Uno de los Fernández, luego de desdecirse de lo que había dicho (que el desaparecido podía estar con su tía), juró que el tema era prioridad de Estado. El mismo que mandó a reprimir la movilización de La Plata para escrachar a Rodolfo González Conti, un estrecho colaborador de Miguel Etchecolatz. Los jueces siguen planteando la causa como averiguación de paradero (no, desaparición forzada). Las organizaciones de DDHH cooptadas por el gobierno nada reclaman o lo hacen con el cuidado de no perjudicar la imagen presidencial (como si estuviera libre de cargo y de culpa). Los diarios lo ponían en primera plana, luego en páginas interiores, luego lo convirtieron en caso, luego nada. Doblemente desaparecido. Posiblemente reavive el interés periodístico el nuevo aniversario, y así. Como hace treinta años, el aparato represivo sigue intacto, pero a las órdenes de un presidente que se proclamó "hijo de las madres". Como hace ochenta y un días, Jorge Julio López sigue desaparecido por haberlo denunciado:

...
lo saca Etchecolatz con el grupo de picaneadores, grupo que reconozco alguno como Garachico, Aguiar y Urcola… uno que fue después comisario, no sé qué, la madre tenía una … lo reconozco porque la madre antiguamente había tenido una panadería en Los Hornos. Y a este Manopla Gómez, que era el que te hacía todas esas hechurías, te pegaba patadas en los calabozos, iban…
Y después lo vuelven a torturar el día 3 del 2. El 3 lo llevan a la celda y me tiro en el suelo. Y por ahí siento una mujer que grita: “no me peguen, no me peguen”. Y me asomo y estaba… ¿Saben quién estaba ahí?... El señor Plaza que la había llevado.
Y la mujer le dice: “¿por qué no me defendió, padre?” Resulta que era una mujer muy grande, sería gorda y medio alta, que después cuando la picaneaban le decían: “¿quién te trajo a vos”. “El Palomo”, dice. “¿Y quién era el Palomo?” “Plaza”. “Ah, el Palomo te trajo. ¿Y cómo sabés?” “Sí, ahí está, mire”.
Resulta que Plaza… esta mujer viene en un micro y cuando llega ahí, la ve que la siguen. Al seguirla se baja y se mete en la catedral y entonces van los de la brigada, se le meten adentro, y le dicen que la entregue o se meten ellos. Dice Plaza: “no, váyanse que yo se la voy a llevar”. Por lo que sentí ahí.
Después a esa mujer la torturaron un poco y no habló. Entonces los que la torturaban agarraron y la sacaron. La llevaron en la misma camilla a la rastra y la sacaron afuera.
El día 4 apareció otros chicos que no sé quiénes eran y los metieron adentro, pero nunca supe quiénes eran.
El día 5 aparece -serían las once o doce de la mañana, no sé porque hora no tenía-, aparece Patricia Dell´Orto con el marido, toda torturada. La torturan un día, dos, junto con nosotros. Le hacían preguntas: “¿qué hacían ustedes en la Unidad Básica ?” Y Patricia no respondía. El marido estaba tirado, todo lastimado, y ella hasta un mechón de acá a la rastra le sacaron con pelo y todo. Sangraba por acá. Todo desecho los dos.
Bueno, después la atan así en el palenque -que le decíamos los cepos, nosotros- y la tienen atada enfrente de donde estábamos nosotros tres.
Y el marido estaba tirado en el suelo, y este Gómez le decía: “levantate –dice-, no ves que tu… -¿cómo es que le decían?, él era el jefe, lo trataban como el jefe, le daban otro nombre- que ahí están tus muchachos –dice- tus montoneros, y le va a dar vergüenza que un jefe sea tan flojito y esté tirado”. Y le hacían así con las patas. Y Patricia gritaba. Y entonces qué hacen: le agarran y le tapan la boca y le pegan. Y a la noche a los dos los vienen a torturar. Era noche y día. Los torturaban porque ellos dos no declaraban y nosotros qué sabíamos poco también de ellos.
Bueno, así llega hasta el día 9 entre tortura, golpe... Y yo por una mirilla y la puerta que estaba rota así, abajo. O me tiraba en el suelo o miraba por una mirillita que había para arriba, pero arriba no quería porque me podían ver, abajo me disimulaba.
Así pasé el 7, el 8, entre tortura y todo. Hasta que llega el día 9… a la noche llegó toda la patota.

Autonomismo

Autonomismo

¿Qué sería de la retórica autonomista si la interrogación -con o sin signos- no existiera, hubiera sido derribada por la urgencia de los acontecimientos? ¿Qué sería, entonces, de esa enunciación si estuviese forzada -por el lenguaje siempre vertical- a expresar sus incertezas, ideas apenas entrevistas, balbuceos varios, caminos que se forman y bifurcan, de un modo no digamos enfático sino al menos asertivo? ¿No descubriríamos acaso "un desanimado viento de obviedad y resignado conformismo"?

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Nonsense

Nonsense

"Ahora Boltanski y Chiapello señalan que aquellos valores y deseos que en los años sesenta poseían un carácter contracultural, revolucionario, vital, en los años noventa pasaron a ser los motores ideológicos del capitalismo. Consignas que en los años sesenta implicaban un corte radical con el pasado, con la familia, con el mundo del trabajo, con la historia inmediata, hoy funcionan como instrumentos de cohesión social, como la ideología de la época. ¿Cuáles eran esos deseos revolucionarios de los años sesenta? Mayor flexibilidad en la vida cotidiana; mayor autonomía personal; el elogio del cambio permanente, de la incertidumbre, de la creatividad; la crítica a las estructuras rígidas, a la burocracia, al Estado; el cuestionamiento de las instituciones cerradas y la defensa de los vínculos en red; la búsqueda del placer, la preponderancia del deseo; la utopía de un mundo global.
Este es el programa del capitalismo contemporáneo.
Son todas las batallas ganadas, es decir, perdidas. Cambiadas de signo. La flexibilidad llegó, pero al mundo laboral, dejando un tendal de desocupados y excluidos; la incertidumbre guía la vida cotidiana, y allí se ven las manifestaciones reclamando más seguridad; las empresas trabajan en red, y todo ha sido tercerizado, precarizado; la globalización es total, y sólo liberó los mercados y las energías militares.
[...] si se analiza su nuevo espíritu, nos encontramos con el mismo discurso de la crítica artística de los años sesenta, pero con su sentido cambiado, con sus valores invertidos, con sus intenciones revocadas. No encontramos un discurso que venció a otro, sino el mismo discurso sin su sentido (como si el capitalismo funcionara al modo del nonsense)."

Reseña de El nuevo espíritu del capitalismo, un libro de los sociólogos Luc Boltanski y Éve Chiapello, por Damián Tabarovsky. Publicada en la revista Otra parte, n°10, verano 2006-2007.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Hinchadas ciudadanas

Hinchadas ciudadanas

“En un país tan dañado como el nuestro, tenemos que recrear formas de convivencia solidarias y participativas. Esto supone referirse a la cultura en el sentido amplio, en lo que llamamos el ´proceso de construcción de ciudadanía´, que sedimenta en valores, en símbolos, en rituales, en mitos, en estilos de vida, en instituciones y en prácticas. Los hechos culturales pueden ayudar a mejorar la sociabilidad, superar prejuicios, cambiar la imagen del adversario y encontrar nexos en las diferencias".
De este modo, el Secretario de Cultura de la Nación, José Nun, fundamentó Hinchadas Ciudadanas, un programa que intenta promover -nos aseguran- una "cultura de paz, tolerancia y no discriminación". La primera presentación consistió en un recital relámpago -por lo breve- de Horacio Fontova durante el partido de River y Boca, el 8 de octubre pasado: interpretó dos canciones de su autoría, saludó a toda la hinchada, y abogó "por un futuro en paz".
Si analizáramos tamaña estupidez, demoraríamos unas cuantas líneas en refutar todo: desde el carácter del programa, su -digamos- módica iniciativa, su concepción de "cultura de paz y tolerancia" -los peores lugares comunes de un socialista arrepentido como Nun- hasta la idea, tan de moda, de que una política cultural puede atenuar los efectos culturales producidos por las políticas económicas y sociales del Gobierno -éste y los anteriores- que produjeron "un país tan dañado como el nuestro".
Pero el punto, aquí, es otro. La página oficial nada dice de la segunda presentación. Y nos preocupa. ¿Habrá que consignar como otra parte del Programa Hinchadas Ciudadanas a las patotas que el Gobierno de Néstor Kirchner envió contra la asamblea de trabajadores y trabajadoras del Hospital Francés?

jueves, 30 de noviembre de 2006

Escritor maldito

Escritor maldito
Para consagrarse como escritor maldito ya no es necesario beberse hasta la última botellita de ajenjo, ni pasearse del brazo con una puta, ni tener como pareja a otro escritor (maldito él), ni abandonar la obra herética de juventud para hundirse en los abismos africanos en busca de oro, ni regresar a los tumbos al hostil regazo familiar. Tampoco suicidarse. Ni siquiera provocar con alguna que otra declaración al banquero, al santo padre o al mismísimo presidente de ocasión.
Antes -muchísimo antes, cuando los escritores comulgaban sus simpatías con el demonio, el sexo y los excesos-, primero se era maldito. Luego, y con suerte -los dados los echa el campo literario que configura y reconfigura las posiciones de todos los jugadores- se era escritor (maldito).
Ahora no. Basta que las empresas editoriales bauticen a uno y salgan a promocionarlo al mundo con el rótulo de tal para que la conversión sea (casi) instantánea. Así hizo Emecé, del Grupo Planeta, al lanzar -es un decir- El curandero del amor, el último libro de Washington Cucurto.
¿Qué habrá leído la división de marketing del grupo editorial para resolver la definición del "escritor maldito de la literatura argentina"? ¿El escenario marginal de "superconsti" y sus "yotibencos", la superpoblación de "tickis", peruanos y dominicanas que se trepan a la cama por unos pesos? Vaya uno a saber.
Lo cierto es que la industria editorial -concentrada y trasnacional- redescubrió el valor -el rédito- de lo maldito. Un rubro más, entre tantos otros, apto para el consumo del lector medio (¿y qué otro lector sobrevive en Argentina?). Si la pega -y una entre las decenas de miles de lanzamientos tiene que alcanzar el bolsillo de alguno-, saturarán anaqueles y mesas de saldo, en cuidadas ediciones, los malditos escritores. Vade retro.